miércoles, 16 de marzo de 2016

EJERCICIO DE PROSA


Cariño de la llama, 
felicidad del viento, 
si no te busco pierdo mi destino, 
pero tampoco aparecés. Callada 
en tu estación, me inclino a la desdicha, 
no logro dar con formas de tu aliento; 
callado, demorado, 
hago vivienda en fríos, en ventiscas. 
Se me piantó Galicia: desvarío 
en once y siete sílabas, locura 
de los reflejos. Pierdo mi comida, 
o no la pruebo, y vos con tu semblante 
contra mi hacienda. Como ves, es gesto 
que peca de anacrónico: los versos 
son otra forma de llegar al morbo: 
temblor de cuerpo y voz, desatendidos 
el labio y la mejilla, abandonados 
los ojos, condenados a vagar 
entre maderos de menor valor. 
Y encima el texto que no llega a tu ángel, 
el diálogo fingido, monosílabos 
cuando te enfrento, poca maña, muda, 
para decirte che, qué mal me hacés 
--pecando de canyengue contra el Álvaro--. 
Y dejo para un próximo poema 
las conclusiones obvias. 

14 junio 1997.- 

ACERCAMIENTO A CLARISSA

Tu mano lisa pudo la ventura 
de acariciar las cuerdas o pasajes 
hacia otro aroma, mano como remo. 

¿Dónde buscar tu mano lisa, dónde 
formar o ver tu cuerpo que no cesa? 
Y sin embargo te percude el tiempo, 
naciste, ya la arruga te adornara. 

Pero tu cuerpo, inmóvil en la foto, 
pero tu mano, sosteniendo el cello, 
pero tus ojos --hacia dónde miran--. 
¿En qué momento estás, en qué momento 
te tiene el blanco y negro, qué querías, 
dentro del film, y qué quería Hermann, 
cuándo sabré qué cuándo te refleja? 

14 junio 1997.- 

RECUERDO DE LOS INCAS --SUEÑO CIFRADO EN UN SOBRERRELIEVE--

Llaveros, o riberas, o limosnas, 
todo mezclado, puro maremoto, 
y cuando menos se lo espera el ágil, 
monedas de estación, acompasadas. 
Llaveros, o riberas. 

Maderos, o metal. La lamparita. 
La bola de aluminio. La difunta. 
Todo mezclado, pero, de repente, 
clara estación de la cosecha sana. 
Maderos, o metal. 

Y así la despedida, 
el largo arroz, la ropa, 
la noche de costado, 
cielo al revés --Solanas--. 
Así la despedida se digiere. 

Asado de los muertos, 
sifón de los occisos, 
todo cosecha negra, 
y volver a empezar: 
asado de los muertos, que nos comen. 

Un ciego corrigió la adivinanza: 
le puso piedras, cruces y vertientes. 

12 junio 1997.- 

MACERACIÓN DEL TRISTE

"Caricias del no haber. Siento que cae 
la lluvia, o su destino, 
ramo de sierpes de estación fingida. 
Mi cuerpo y mi no cuerpo. 
Los ojos del verano que perdí. 
Abeto de los tristes." 
Cuando acabó los desesperos pobres, 
la lucha de las sombras, 
el consentido dolo, 
quiso esperar sifones del olvido, 
cruentas vacilaciones. 
Pero su frente torpe se acordaba 
de la canción inútil de la siembra. 
¿Y cómo repetir las aventuras, 
cómo vencer el orbe 
de su armazón? "Callado recompongo 
sin conseguir, no obstante, la alegría. 
Me deshago en vahídos. 
Soplo del quejumbroso." 

(Es necesario repasar la pena 
y los hallazgos de la adivinanza. 
Dejemos los temores. 
Esto es canción, y dudas --sus matices--.) 

10 junio 1997.- 

SONETO

¿Qué puedo, si imposible vos, probar, 
qué queda hacer? Y no es escribir versos 
por escribir, sino por protestar, 
por intentar conjuros. Son diversos 
los modos de dolerse, y el que elijo 
es el vano dolor de los poemas, 
modo de siembra en el que quedo fijo 
a una canción sin tacha (siempre emblemas 
que uno y desuno, pasos por la vía 
de mi pesar, por cruentos derroteros 
de tu imposible, siempre la casida 
de los recuerdos: ardo como impía 
disolución en morbo, sumo austeros 
reflejos de tu ser, cumplo mi herida). 

10 junio 1997.- 

ACLARACIÓN

Callás. No das azul 
de tu canción de mar. 
Tus gestos me detienen 
como si fueran muros. 
Hay algo azul, azul, 
que me convoca a vos. 
Muros de madreselva, 
lenta canción sin fueros. 

Y por la senda de los imposibles 
me entero de tu risa. No lamento 
los imposibles. Risa tan al frente 
como un balcón y muro, como un arpa 
con solo de soprano. Lentitud 
de calle amanecida, de borracho 
de tu esplendor. Ardilla del que muere 
y ronda en torno a vos, como una sombra 
digo y desdigo la confusa pena. 

Si nunca acordarás 
labio o sombra de tez 
en la noche precisa, 
recordaré los sueños; 
si jamás te oirá 
risa a mí de tu faz, 
perderé lozanía, 
seré tu amigo pulcro. 

7 junio 1997.- 

COMO MANO DEL ÁNGEL

Libro absoluto, libro 
como mano del ángel, 
potente sortilegio 
de volver a sus páginas 
a cada instante, cada 
palabra como joya, 
palabras con presagio, 
constante referencia, 
idea, luminaria, 
libro inhallable, libro 
como preciso sueño. 

6 junio 1997.-