Un olmo, una estación, un puente.
Una pasión medida.
El hábito confeso de esperar señales.
Alma del cigarrillo.
No todos tenemos manos de vivir,
no siempre, ellas se apagan
en la pronunciación de ciertos rostros,
atanor de las lentitudes.
No siempre se cultivan rosas,
a veces las robamos en la noche del otro pecado,
cajitas del metal
que no nos sigue.
/ (La distancia
que separa mi piel
de toda vereda mustia y entrañable,
la fogata cruel que no termina de consumir mi mente
y que la macera, la macera,
la trepanación posible,
el vuelo lúdico y doloroso de mis palabras,
que se detienen en todo borde pulcro,
la dilapidación del ojo,
eterno comparsa de la respiración.)
Maduración extraña
del que no se persigna frente al ángel,
del que quiere la estancia de la ruina,
del que no obtendrá su ajolote
al cabo de la extensa busca.
Maduración ignota
del que colecciona piedras pálidas
que vibran al dorso,
instaladas en la tristeza.
No tengo el alfabeto de la sierpe,
no tengo el alfabeto de la montaña,
no tengo el alfabeto de ningún madero:
ciega Estación,
Olmo disecado,
enmudecido Puente.
(Me detendré en el tacto,
en la transpiración,
la torcedura,
me detendré en un gesto
usual, insuficiente,
para intentar decir esa medalla
que no voy a enterrar
y que me mide.)
5-3-1997
Hálito, o sudor, o sacrificio, o patrimonio bien medido.
O la frontera pensada, o coches.
En todo caso puentes, las vías de pasar, el prado,
las cortinas de humo, las enredaderas,
el precipicio al cual nos acercamos siempre,
la máquina indefectible.
O en todo caso no, correr, correr, correr,
llegar o no llegar, siempre el olmo,
correr, correr, correr,
como si no fuera posible,
como si toda estación fuera momentánea,
como si una orilla condujera a otra, siempre la distancia,
callada la distancia, siempre,
siempre, acaso, nunca,
la ruta de los rostros muertos.
3-3-1997
Tu rostro y tu disfraz, tu campanario
y tu enajenación: camino siempre
bajo ese vario signo, y la promesa
de verte es más lejana que la daga.
Miro mis pasos, veo mi derrumbe
y me arrincono en la canción del este;
si tu rostro me dice de la altura,
de tu disfraz me ciega el espejismo.
Y así me instalo en la jugada doble
no de rememorar cruces y besos
sino caricias y a la vez espantos:
vahídos ciegos de los escondidos
fantasmas del sopor, y el fiel desierto
de la caída de tu velo azul.
21/2/1997
El álamo se torna enredadera
si la carroza de las cuatro sierpes
corre y crepita por las vías arduas
del mirar silencioso del conejo.
O no, se torna fiel representante
de las almas perdidas que no esperan
el desentumecerse de las lianas
de todo otoño de follaje triste.
Álamo y muerte como monederos,
como comparsas del duro teatro
de los libros leídos en la sombra;
álamo y vida, vida de los álamos
que marcan la pradera indefinida
en que los tigres gruesos se persiguen.
20/2/1997
Un pétalo, una aldaba, un incensario,
y la luz de tu otra colina vuelve;
no ha de gemir el olmo en ese instante,
ni se pervertirá la simpatía.
Una canción, la piel, una fogata,
y la luna tendrá su compañero;
no será tarde, no será prohibido
el nuevo nacimiento de tus ojos.
(Pero al presente tu mirada muere
en lazos apagados, y tu mano
sigue la curva de los doloridos;
pero al presente tu silencio cruza
riberas de estupor y menosprecio
por la sonora gema de la risa.)
18 de febrero de 1997
Emoción honda, y desamparo triste,
y besos y caricias desterrados,
y precipitación de la amargura,
y pacificación, y el entretiempo;
y espera tibia, y caminata airada,
y la brisa de noches con amigos,
y volver al tiempo temido y grave
de la doble premura de las fotos.
Un árido sillón me inmoviliza,
un libro como golpe detenido,
son del metal de los amores turbios;
y una cadena oscura, como sierpe,
me devuelve el temblor y la embestida
y la canción eterna de unos labios.
22/1/1997
Álamo sin voz;
preciosa diadema ajada;
decapitación insuficiente;
lirio del metal insulso;
vaso de líquido ambarino, abandonado;
relicario o frontera;
baldosas de la transpiración, siesta forzosa;
el pasto predilecto de las aves;
cuaderna de la muerte;
cenicero mustio;
patadas, pataleos;
y la dorada siembra del otoño, las tienditas, el mate amargo en una habitación vacía, la seca pronunciación, el olmo.
21/1/1997